22 de enero de 2006

Adiós a Manolita





Texto leído por Miguel Ángel Martínez en el cementerio de la Almudena el 21 de enero de 2006

Os agradezco a todas y a todos vuestra presencia aquí en la despedida de mi madre. Expropiados como estamos cada vez más de tantos ritos, no quisiera que éste fuera un momento oscuro, sino lleno de vida.

No soy la persona adecuada para hacer un panegírico ni un ejercicio laudatorio sobre los sacrificios de mi madre, sus años de cárcel o de clandestinidad, su militancia, que compartió con una generación desconocida y silenciada de mujeres y de hombres cuyo olvido es una de las mayores vergüenzas de la transición española.

Preferiría hoy compartir algunas de la reflexiones, hechas a veces con ella en los últimos tiempos, que tienen más que ver con lo que nos queda, con lo que lega, con su huella. Con los regalos que ha puesto a nuestra disposición y que, al menos para mí, son su gran herencia.

Uno de esos regalos tiene que ver con el COMPROMISO Y LA COHERENCIA CON LA VIDA y su mejora, que le permitieron vivir con sencillez y discreción las propias contradicciones y las ajenas y tratar de no sucumbir a ellas, avanzando.

Otro regalo que nos queda es el RESPETO, esa enorme capacidad de respeto de la que hizo gala, tanto en las cosas grandes de la vida como en aquellas otras más cercanas, las cotidianas. Creo que el respeto le permitió entender y disfrutar de los cambios, comprometerse con ellos, pegarse tozudamente a la realidad para que ésta no la dejara en la cuneta, vivir el presente y el futuro. Mi compañero y yo –su yerno y su hijo- lo sentimos especialmente. Y por eso había tanta juventud rodeándola.

Un regalo más, para mí tan relevante, es la ALEGRÍA DE VIVIR. Disfrutó mucho de la vida, y trató de enseñarme a observar en cada pequeño avance, en cada pasito, en cada pequeño acontecimiento una oportunidad de ser más felices. Y ello le permitió OPTAR sin sufrimiento, ejercer esa facultad deliciosa de elegir hasta el final.

Y ello tiene que ver con el entusiasmo emocionado con el que hace apenas dos meses se reunió con sus compañeras del Colectivo Sororidad, que le habían nombrado presidenta de honor. ¿Qué le unía con esas mujeres que podrían ser sus nietas? ¿qué nos une a unos con otros y otras?

Creo que este último legado es la no sumisión, la no aceptación de lo que pasa, la lucha, la rebeldía, la RESISTENCIA. Esto nos queda, la RESISTENCIA.

Desde esta resistencia me gustaría que ahora cantáramos La Internacional, como era su deseo.

¡Arriba, parias de la Tierra!
¡En pie, famélica legión!
Atruena la razón en marcha:
es el fin de la opresión.
Del pasado hay que hacer añicos.
¡Legión esclava en pie a vencer!
El mundo va a cambiar de base.
Los nada de hoy todo han de ser.
Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional.

Miguel Martínez

En Mi maletín de mujeresfemistas puedes encontrar artículos sobre Manolita publicados en El País y El Mundo

2 comentarios:

Paz Blanco dijo...

Ha sido un inmenso honor conocerla y tenerla entre nosotras.

Paz Casillas dijo...

No es un adiós sino un hasta siempre a la mujer más joven que he conocido.