22 de marzo de 2006

Milú inmigrante

Estoy recién llegada al trabajo de Coordinadora de Mujeres Inmigrante en la Federación de Mujeres Progresistas, aún así he aceptado la invitación de intervenir en este evento. Y me voy a permitir hablar desde la propia experiencia, en el entendido de LIA CIGARINI (1) que dice que Nombrar la propia experiencia es hacer teoría, aceptar las vivencias como hipótesis, siempre abiertas y capaces de moverse con la realidad cambiante, nunca como la última palabra.

Soy una mujer, abogada feminista, vivo en una relación mixta- soy nicaragüense y mi marido es español – tengo diez años de vivir en España, he vivido casi todo este tiempo en Madrid, a excepción de un año y medio en Granada, y durante todo este tiempo, he estudiado con españolas, trabajado como consultora en proyectos de género para mujeres españolas y presido una Asociación de Mujeres Feministas, que la integramos treinta mujeres, todas españolas, a excepción de una compañera iraní, otra argentina y yo. Desde mi experiencia puedo decirles lo que para mí ha sido fundamental en mi integración:

Que nuestra identidad de género sea respetada.
Que nuestra identidad de género sea respetada, porque forma parte de nuestro ser, y al respetar nuestra identidad de género, significa para nosotras el respeto a nosotras mismas. Recordemos que el género configura nuestra personalidad, con nuestra identidad de género entramos al mundo social, a la vez, también es nuestro gran obstáculo de encuentro con la otra o el otro diferente a nosotras.

Entre la sumisión y la rebeldía
Las mujeres inmigrantes, por lo general, venimos de sociedades más tradicionales que la española, y la mayoría de nosotras, llevamos dentro dos mujeres, la mujer sumisa y la mujer rebelde, producto de la vida en sociedades desiguales. Yo tengo conciencia, desde que comencé a tener conciencia feminista de que he vivido entre la sumisión y la rebeldía, -inclusive en un artículo que escribí sobre los feminismos latinoamericanos, lo señalo como una característica de nuestros movimientos.

Esta ambigüedad, se expresa en las mujeres inmigrantes, en la mujer rebelde que nos saca de los patrones tradicionales, la que nos empuja a buscar nuevos horizontes y a emigrar, aún cuando no hayan viajado nunca y no se tenga ni idea de cómo será el país de acogida. La mujer sumisa, la que encuentra seguridad en comportarse de acuerdo a las enseñanzas trasmitidas de lo que era ser mujer, la que nos dice que tenemos que obedecer y cumplir con todas las normas propias de una mujer “decente”.

Tenemos que ir gestionando nuestra propia ambigüedad que traemos, a la vez, con la ambigüedad que encontramos, en la sociedad de acogida, porque las mujeres españolas viven sus propias desigualdades. Y para que esta experiencia pueda ayudarnos a crecer como personas, para que esta experiencia nos enriquezca como mujeres, no pasa por renegar de lo que somos, sino ser concientes de lo que somos para poder ir integrando las diferencias que encontramos, aún, cuando aparentemente sean valores, maneras de ser y de estar contradictorios, y también con elementos comunes a ambas.

Comprender que la integración es un proceso, no es un hecho instantáneo.
La inmigración es una experiencia muy intensa, porque venimos de un mundo muy distinto del que nos encontramos, las personas que han viajado por algún tiempo a otros países, comprenden más fácilmente los que les digo. Y cuando llegamos al país de acogida, todas las situaciones que vivimos son nuevas, todo nos es extraño, nada nos pertenece, ni el paisaje, ni la comida, ni los olores, ni las personas, ni las amistades, ni nuestras redes de apoyo, ni las instituciones, etc. y como si todo esto fuera poco, se sacuden nuestros valores, y a veces nos vemos en situaciones en conflictos, entre las mujeres que somos y lo que es ser mujer donde nos encontramos, y un gran diálogo interno se posesiona de nosotras. Un gran diálogo interno, que muchas veces nos muestra como mujeres retraídas, y no tenemos que pensar que realmente sea así, sino que estamos así.

Lo que ustedes pueden hacer es ayudarnos, tomándonos en cuenta, preguntándonos algo sobre nuestra familia en el país de origen, comentando algo con nosotras, teniendo algún gesto solidario, y respetando nuestro propio proceso migratorio, el momento de la propia vida en que nos encontramos, que pasa por establecer ese diálogo interno que todas necesitamos. Contaba una de esas mujeres viajeras intrépidas de la Europa del siglo XIX, que viajaba al África, que ella en sus viajes tenía el apoyo de un autóctono, un africano que le cargaba sus baúles que llevaba de equipaje, que este hombre subía las montañas que separaba un lugar de otro, corriendo como una gacela, y cuando llegaba a la cima se detenía y no quería seguir caminando, y ella le preguntó, que por qué ahora se detenía y él le contestó: “ porque estoy esperando a mi alma “, su cuerpo había llegado, pero no su alma. Igual nos ocurre a las mujeres inmigrantes, nuestro cuerpo llega aquí, pero nuestra alma se quedó allá y la tenemos que esperar.

Cuando nos quedamos calladas - aunque a veces no entendemos lo que nos dicen, a pesar de hablar el mismo idioma - no es que seamos tontas, sino que a lo mejor estamos dialogando con nosotras mismas, porque en cada situación nueva que vivimos, vivimos un proceso de integrar lo diferente, y así nuestro proceso de integración, está conformado por muchos pequeños procesos de integraciones, que vamos haciendo poco a poco. Cada una vive su propio proceso, que es su propio camino, que cada una transita con su clase social, con su nivel cultural, con su ideología, con su color de piel, con su opción sexual, con sus propias condiciones de vida y su propia necesidad de tiempo, cada proceso es único, como únicas somos las personas. Sólo una cosa les puedo asegurar, que las que venimos, no somos las mismas, sino que nos vamos enriqueciendo en el camino, con lo que traemos y con lo que comparten con nosotras en la sociedad de acogida. Por eso la integración es un proceso, es un proceso como la vida misma, toma un tiempo y hay que vivirlo con mucho respeto y mucha paciencia con nosotras mismas.

La mirada positiva de quienes nos acogen: sin juzgarnos, sin inferiorizarnos, sin rechazarnos. Con esto quiero decirles, sobre todo a “ las ayudadoras profesionales “, que en su relación con nosotras las mujeres inmigrantes, no sólo vean las dificultades y problemas que tenemos, sino que hagan todo lo posible por ver también nuestras cosas positivas, todas nuestras potencialidades. Que no nos hablen desde la superioridad, como detentadoras de la verdad, juzgando lo que hacemos bien o lo que hacemos mal, o inferiorizándonos, muchas veces porque hablamos en voz baja, porque decimos muchas veces por favor, o por nuestro acento en el hablar o porque sencillamente somos distintas. No nos juzguen, mejor busquen como conocernos más. Así nos ayudan a que no pongamos ninguna resistencia a nuestra integración en nuestro nuevo país.

Mi agradecimiento y reconocimiento a mis compañeras del Colectivo Sororidad, que me ha permitido escribir está ponencia, sobre todo esta última parte referida a mí experiencia personal. Mi gratitud a quienes he tenido el privilegio de conocer y con quienes me he vivido una de las experiencias más importantes en estos años y en mi vida. Tuvieron la capacidad de ver mi lado positivo y lo que podía aportarles, e hiciera que brotara mi parte más creativa y también se fortaleciera mi autoestima. De ellas, siempre he sentido aceptación y respeto por lo que era, y sin dejar de ser quienes eran, también me permitieron ser quien soy y ahora del yo de cada una hemos construido un nosotras. Así para nosotras, nuestras diferencias, han sido y son una fuente de riqueza y no de conflicto. MUCHAS GRACIAS


Milú Vargas


Madrid, 28 de noviembre del 2005

El nombre legal de Milú es María Lourdes Vargas. Jurista-Feminista nicaragüense, miembra del Centro de Derechos Constitucionales Carlos Núñez Téllez de Managua, Nicaragua, Presidenta de la asociación feminista Colectivo Sororidad, Madrid, España, y Directora del programa Mujeres Inmigrantes de la Federación de Mujeres Progresistas, en Madrid, España.

(1) Cigarini Lía, La política del deseo, Editorial Icaria, Barcelona, 1996

Extracto de la conferencia "Las mujeres inmigrantes desde la perspectiva de género", cuyo texto íntegro puedes encontrar en la carpeta de Archivos adjuntos en Mi Maletín.

1 comentario:

Paz Casillas dijo...

Una delicia leer a Milú. En sus líneas se percibe claramente su valía profesional y humana y el firme convencimiento que todo se puede construir desde el respeto a las otras y a sus procesos.
Muchas gracias, Milú.

Paz Casillas